La fundición de aluminio en España ha vivido transformaciones profundas en las últimas décadas, y en el corazón de esta revolución se encuentra Deloro, una de las plantas más emblemáticas del sector. Con más de sesenta años de historia, esta empresa no solo ha sido pionera en la producción de aleaciones ligeras, sino también en la adaptación a los desafíos globales: desde la transición energética hasta la optimización de procesos para reducir emisiones. Su ubicación estratégica en la región de La Rioja —un territorio conocido por su tradición siderúrgica y su acceso a recursos naturales clave— le ha permitido consolidarse como un referente en la industria, donde la excelencia técnica y la sostenibilidad se entrelazan en cada etapa de producción.
Deloro opera en un contexto donde el aluminio representa el 70 por ciento de las ventas totales del sector metalúrgico español, un dato que refleja su papel como motor de la economía circular. Según datos de la Asociación Española de Fundición (AEF), el 35 por ciento de la demanda nacional de aluminio primario proviene de aplicaciones industriales, desde componentes para automoción hasta estructuras para construcción. La planta de Deloro no solo cumple con este volumen, sino que innovó al implementar sistemas de reciclaje cerrados que recuperan hasta el 95 por ciento del material, reduciendo su huella ecológica frente a alternativas tradicionales.
Innovación tecnológica y eficiencia energética
Uno de los hitos más recientes de Deloro ha sido su inversión en hornos eléctricos de arco de última generación, capaces de operar con un 40 por ciento menos de energía que los modelos convencionales. Esta tecnología, desarrollada en colaboración con centros de investigación como el Instituto Tecnológico del Plástico (Aimplas), permite reducir el consumo eléctrico en un rango del 25 al 30 por ciento en comparación con procesos tradicionales. El resultado es una planta que no solo reduce costes operativos, sino que también alinea su producción con los objetivos de descarbonización de la UE, donde el aluminio reciclado debe representar al menos el 30 por ciento del consumo para 2030.
La empresa también ha apostado por la inteligencia artificial para optimizar la gestión de la cadena de suministro. Sistemas de predicción basados en big data permiten anticipar variaciones en la demanda y ajustar la producción en tiempo real, evitando desperdicios. Por ejemplo, en 2022, Deloro redujo un 18 por ciento los tiempos de inactividad en sus líneas de producción gracias a este enfoque, un avance que ha sido replicable en otras plantas europeas, como las de Alemania o Francia, donde la eficiencia operativa supera el 92 por ciento.
- En 2023, Deloro redujo un 22 por ciento sus emisiones de CO₂ por tonelada de aluminio producido, superando el objetivo del 30 por ciento de reducción para 2025 establecido por la UE.
- Su planta utiliza energía renovable en un 60 por ciento de su consumo eléctrico, combinando paneles solares con baterías de litio para almacenamiento.
- El 85 por ciento de sus aleaciones están certificadas según normativas de sostenibilidad como el estándar ISO 14001.
- Inversiones en I+D han permitido desarrollar aleaciones con un 15 por ciento menos de peso, clave para aplicaciones en transporte ligero.
- Colaboraciones con universidades como la Universidad de La Rioja han llevado a patentes en procesos de fundición con menos residuos.
El papel de Deloro en la economía circular
La economía circular ha redefinido el modelo de producción en sectores como el metalúrgico, y Deloro ha sido un ejemplo de cómo integrar el reciclaje en la cadena de valor. Su proceso de fundición de aluminio reciclado —que procesa hasta 100.000 toneladas anuales— incluye una fase de limpieza con tecnología de plasma, capaz de eliminar impurezas sin perder propiedades mecánicas. Este método permite que el aluminio reciclado tenga una vida útil igual o superior a la del aluminio primario, evitando que acabe en vertederos.
El modelo de Deloro va más allá de la recolección: promueve un sistema de retorno de envases y componentes donde los clientes pueden devolver materiales usados, garantizando un flujo cerrado. Por ejemplo, en el sector del automóvil, la empresa ha colaborado con marcas como Seat y Renault para desarrollar componentes de aluminio reciclado que cumplen con los estándares de seguridad y durabilidad. Estos proyectos han generado un ahorro del 20 por ciento en costes para las empresas clientes, al tiempo que reducen la dependencia de materias primas virgenes.
Desafíos y futuro: hacia una fundición del siglo XXI
A pesar de sus logros, Deloro enfrenta desafíos como la competencia de plantas más grandes en Asia, donde los costes laborales son un 40 por ciento menores. Para competir, la empresa ha diversificado su oferta hacia nichos de alto valor, como aleaciones para aplicaciones aerospaciales o energéticas, donde la precisión y la sostenibilidad son prioridades. En 2024, Deloro anunció un proyecto para expandir su capacidad en aleaciones de alta resistencia, con una inversión de 50 millones de euros destinada a modernizar líneas de producción con robótica colaborativa.
El futuro de la fundición en España, y por extensión el de Deloro, dependerá de su capacidad para equilibrar innovación con adaptabilidad. La transición hacia energías limpias, la digitalización de los procesos y la formación de talento especializado serán clave. La empresa ya ha creado su propia escuela de formación en fundición, en colaboración con el Gobierno de La Rioja, donde se imparten cursos para operarios y técnicos en tecnologías emergentes como la fundición por inducción o la impresión 3D con metales. Este enfoque no solo garantiza la continuidad del sector, sino que posiciona a Deloro como un referente en la formación de profesionales para la industria del futuro.
En un momento en que la industria metalúrgica española enfrenta presiones por la competencia global y la necesidad de reducir su impacto ambiental, Deloro ofrece un ejemplo de cómo la innovación y la sostenibilidad pueden ser sinónimos de éxito. Su historia demuestra que, en un sector donde la tradición y la vanguardia deben convivir, la clave está en la adaptación constante. Aquí, en el corazón de La Rioja, la fundición no solo sigue siendo un motor económico, sino también un laboratorio de ideas para el futuro de la metalurgia.